Universidad de Jóvenes Emprendedores y Creativos

10 mujeres que sacuden el mundo con menos de 30 años

9 0 19 octubre, 2018

Jóvenes emprendedoras y activistas de diversos sectores, que con sus ideas consiguen mejorar la vida de millones de personas, se reunieron al calor de la 73ª asamblea general de la ONU en Nueva York

La última semana de septiembre, Nueva York acogió la 73ª Asamblea General de las Naciones Unidas y con ella un sinnúmero de eventos paralelos en los que se abordaron asuntos y problemáticas relacionadas con el desarrollo humano. Uno de los reclamos más importantes fue la puesta en valor de la juventud como un colectivo muy amplio que puede hacer mucho para lograr las mejoras comprometidas en 2015 con la firma de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En estos eventos se dieron cita muchas personas con grandes ideas, y entre ellas, las mujeres.

¿Qué hacen las mujeres jóvenes? Desde el rap, el ballet, la escuela, la ciencia y hasta la moda, en Nueva York se reunieron chicas ejemplares de muy distintas procedencias y experiencia vital, pero con dos cosas en común: una, que todas tienen menos de 30 años. Y dos, que en su breve existencia han logrado promover algún cambio a mejor. Que ya están en la brecha. Que no se han quedado en palabras bonitas sino que han ido a los hechos y están logrando impactos reales. Estos han sido los mensajes, las motivaciones y, sobre todo, los logros de una pequeña muestra de estas agentes de cambio.

1. Mari Copeny, la niña que quiere ser presidenta de Estados Unidos

Mari Copeny es estadounidense de Michigan, tiene solo 11 años y ya pide el voto para convertirse en presidenta de Estados Unidos cuando alcance la mayoría de edad. Copeny, que se hace llamar Little Miss Flint en redes sociales (pequeña señorita Flint, que es el nombre de su pueblo) explica a su paso por el Social Good Summit que 840 millones de personas no tienen acceso a agua limpia y lo peligroso que puede ser esto para la salud de las personas. No en vano, aún hoy mueren en el mundo más de 500.000 individuos a causa de diarreas provocadas por haber consumido agua contaminada, según la Organización Mundial de la Salud.

La niña sabe de esta problemática porque en su localidad, Flint, el agua está contaminada. Copeny tomó el micrófono (subida a un cajón) para dar ejemplo del poder de la juventud durante la gala Social Good Summit, un ciclo de miniconferencias para examinar el impacto de la tecnología y de los nuevos medios a la hora de realizar iniciativas sociales. “Quería usar mi voz por todos los niños que no pueden hablar por sí mismos, y eso es lo que hice. Nadie parecía estar escuchando a los adultos, ¡pero pensé que quizá a mí sí me escucharían!“, relata. “Me llevó mucho tiempo que la gente me tomara en serio, pero nunca dejé que la negatividad me detuviese”.

¿Qué hizo? Con ocho años envió al entonces presidente Barack Obama una carta contándole que los niños de Flint no podían beber agua del grifo ni ducharse sin que les escocieran los ojos. Y Obama respondió a la misiva, visitó la ciudad y destinó una partida de 100 millones de dólares (86 millones de euros) para descontaminar las cañerías. “Cuando no haya asientos en la mesa, súbete a ella, usa un megáfono y no te detengas hasta que te den uno”, recomienda Copeni al público. La pequeña activista no paró aquí. Por una parte sigue denunciando que en Flint aún no se ha resuelto el problema del todo y, además, en 2016 fundó Dear Flint Kids Project, un proyecto para recaudar fondos de ayuda a los estudios de los menores de su localidad. Ya ha reunido 10.000 dólares (8.650 euros). “He aprendido que una niña pequeña puede ayudar a influir en el mundo”, presume.

2. Alexandria Lafci, por la vivienda digna… impresa en 3D

En todo el mundo aún quedan casi mil millones de personas que carecen de un hogar digno. Pero Alexandria Lafci, de 28 años, tiene una idea que puede solucionar este problema a muchos de los afectados: transformar barrios de chabolas en comunidades sostenibles usando casas impresas en 3D. Con el proyecto que ha cofundado, New Story Charity, en los últimos cuatro años ha creado 1.600 hogares en cuatro países y planea construir la primera comunidad entera impresa en 3D en 2019. “La vivienda es un requisito previo para una alta calidad de vida y un derecho humano”, dice al inicio de su discurso de siete minutos en Social Good Summit.

Lafci, que en 2016 entró en la lista 30 de menos de 30 de la revista Forbes, —en la que se incluyen jóvenes emprendedores y agentes de cambio en varios campos—, explica que las casas se imprimen en menos de 24 horas, se pueden adquirir por unos 4.000 dólares (3.460 euros) y cumplen los estándares de protección contra desastres naturales. “El tipo de vivienda impacta en la educación, el empleo, la salud física y mental”, asevera la joven, que también dice que ella trabaja para que en 2030 todos los niños tengan un techo. “Trabajamos para asegurarnos que quienes más necesitan la tecnología no sean los últimos en recibirla”. Y cuenta que no ha sido una labor fácil porque en el campo de la construcción no se innova mucho. “Pero, a pesar de los obstáculos, vi que no hacerlo era una irresponsabilidad”, añade.

3. Nadia Murad, la voz de un pueblo masacrado

En Nueva York recibió el premio en la categoría agente de cambio de la Fundación Gates. Un par de semanas después, el Nobel de la Paz. Antes, vinieron muchos otros, como el Sajarov. Y más que le llegarán. Ella es Nadia Murad, una mujer de 25 años perteneciente a la minoría yazidí que ha sobrevivido a la violencia perpetrada por miembros del autodenominado Estado Islámico (IS). Fue secuestrada y convertida en esclava sexual en 2014 y vivió un infierno de violaciones diarias, igual que al menos otras 3.000 mujeres de su comunidad que corrieron la misma suerte.

Murad escapó al cabo de tres meses y desde entonces denuncia incansablemente el genocidio sufrido por su pueblo a manos del IS desde agosto de 2014, cuando entraron en su Sinjar natal, en Irak, y pide protección y justicia para los suyos. “Mi supervivencia se basa en defender los derechos de las comunidades perseguidas y a las víctimas de violencia sexual. Un solo premio y una sola persona no pueden lograrlo. Necesitamos una respuesta internacional”, dijo en una reciente rueda de prensa tras recibir el Nobel.

4. Zuriel Oduwole, en pos de la educación de las niñas

Como activista por la educación de las niñas, Zuriel Oduwole se reunido con los presidentes y primeros ministros de 28 países para hablar de la falta de acceso a la educación de los niños y niñas. También ha dado charlas a más de 26.000 menores de 14 países sobre la importancia de estudiar poniéndose a ella misma como ejemplo: para decir a las niñas que si quieren, pueden. Como cineasta, ha rodado un documental sobre la revolución de sus país y varios largometrajes. Tiene 16 años, a los 10 fue la persona más joven mencionada en la revista Forbes y a los 13 entró en la lista de los 100 africanos más influentes de News Africa Magazine.

Con este curriculum, la adolescente adelantó en Nueva York los datos de una investigación a escala mundial realizada por las fundaciones Vodafone y Girl Effect sobre el acceso y el uso de los teléfonos móviles por parte de la población femenina. “Mujeres, entregad vuestros móviles a los hombres que tengáis más cerca. Vosotros, borrad todas las app y todos los contactos de la agenda, excepto el que ponga ‘mamá”, pidió al público de Social Good Summit. Este es el brutal ejemplo con el que empezó su charla para retratar la falta de acceso de las mujeres a los teléfonos móviles. “Los chicos tienen 1,5 veces más posibilidades de poseer un smartphone que las niñas. Ellas tienen que negociar su derecho a tenerlo, tienen que pedirlo prestado, robarlo o usarlo en secreto”.

En muchos países las niñas aún son culpadas y estigmatizadas por usar móviles. Por eso, lo que hace Oduwole es tan importante: Muestra que la tecnología es una herramienta para darles voz. y que también puede mejorar mucho sus vidas dándoles acceso a información. “No estamos dando a la mitad de la población mundial las oportunidades a las que podrían acceder. Las chicas que viven en situación de pobreza no saben lo que un teléfono puede hacer, y qué pueden hacer ellas con uno, cómo usarlo de manera segura”, clama.

5. Miss Sudáfrica y la tuberculosis

Tamaryn Green es Miss Sudáfrica 2018 y también es una de las mujeres de su país más activas a la hora de combatir la tuberculosis, una enfermedad más mortal que el sida y que a ella le diagnosticaron en 2015, cuando cursaba tercero de Medicina. Sobrevivió, y hoy está inmersa en su campaña #BreaktheStigma (Rompe el estigma, en castellano), una llamada de atención para que los tuberculosos dejen de ser mal vistos en la sociedad.

Green, de 24 años, ofreció su testimonio en el evento TB Innovation Summit de Nueva York, un ciclo de charlas en las que se abordaron las últimas innovaciones para acabar con esta enfermedad. Allí explicó cómo vivió el angustia a ser marginada y señalada cuando estuvo enferma: “Decidí no contar nada a mi familia y amigos por miedo a que me trataran de manera diferente y me aislaran”, relata. Continuó en secreto con su tratamiento hasta que desarrolló una hepatitis a causa de los efectos secundarios y empeoró hasta el punto de no poder continuar con los estudios, por lo que volvió a casa, cambió de medicación y, al final, se recuperó. “Toda la historia fue más traumática de lo que jamás me permití admitir. No solo me afectó a mí, sino también a mi familia y amigos cercanos”, asegura Green.

En el momento en que fue coronada como la mujer más bella de su país, decidió dedicar su reinado y su visibilidad a luchar contra la tuberculosis. “Estoy muy agradecida de tener el poder de la plataforma Miss Sudáfrica, que es mucho más grande de lo que jamás hubiera imaginado, y de estar en condiciones de hacer que mi voz se escuche. Debido a mi título, tengo la oportunidad de ayudar a tantas personas como pueda”, declaró en Nueva York. Green confiesa que le costó tres años hablar de su enfermedad. “Podría haberme ahorrado muchos traumas si lo hubiese abordado antes. Por eso ahora quiero animar a los pacientes a que no tengan miedo de hablar de sus problemas y pedir la ayuda que necesiten. Es la única forma de vencer la tuberculosis”.

6. Sonita Alizadeh, rapera contra el matrimonio infantil

Sonita Alizadeh nació en Afganistán bajo el régimen talibán, fue refugiada en Irán, donde aprendió a leer y escribir por sí misma, y en este país fue donde escapó de un matrimonio de conveniencia que apalabraron sus padres con un señor mucho mayor que ella. Apenas tenía 16 años. Fue la música, su rap, lo que la sacó de ahí. Venció al miedo a las más que posibles represalias por ser mujer y quejarse sobre una tradición impuesta hoy en día a 15 millones de niñas al año en todo el mundo, buena parte de ellas en su país.

Cantó y publicó su vídeo Novias en venta, su petición de ayuda a gritos, o a versos. Y el éxito la salvó: una organización conoció su situación y le ofreció una visa de estudios en Estados Unidos, donde vive desde hace tres años. Hoy, con 21, es una prominente activista que utiliza su música como herramienta para lanzar mensajes sobre la situación de las niñas sometidas a esta práctica. “Estaba viviendo mi sueño, pero no podía parar de pensar en mis amigas qe habían quedado en casa. Por eso empecé mi trabajo”, dice sobre su motivación en Social Good Summit. “Ver a mis amigas con las caras magulladas me obligó a superar mis miedos y hacer algo. No es demasiado tarde para cambiar esta tradición”.

Alizadeh no descansa cuando se trata de llamar a la sociedad a la acción. “Podemos cambiar el mundo si somos valientes y audaces”, afirma. “Puedo ver muchas activistas aquí. Cualquiera puede serlo. Puedes encontrar algo que te importe y encontrar tu propia y única manera de traer el cambio”, anima. Más allá de eso, la afgana se define como “una chica normal a la que le gusta ir de compras, los fines de semana y las hamburguesas de queso”.

7. Jayathma Wickramanayake, líder en la ONU con 26 años

“A aquellos que dicen que los jóvenes son los líderes del futuro, les digo que no. Aquí tengo la prueba de que son los líderes del presente”, dice Jayathma Wickramanayake para presentar a los jóvenes líderes de la ONU para el desarrollo sostenible. Esta mujer natural de Sri Lanka vive por y para ellos. Porque ella lo es y porque su trabajo es ese: En junio de 2017, con 26 años, fue nombrada Enviada del Secretario General de Naciones Unidas para la Juventud. Durante la 73ª asamblea general de la ONU ella presidió el lanzamiento de la estrategia para la juventud, la primera de esta naturaleza. Y bajo su mandato.

Desde su posición en la ONU, Wickramanayake se preocupa por el desempleo juvenil, el acceso a la educación y la igualdad de derechos y oportunidades entre niños y niñas. “Hay una división de género en el mundo digital. Las chicas tienen menos acceso a la educación y, por tanto, menos conocimientos digitales” comenta durante su intervención en uno de los muchos foros en los que se la ha visto en Nueva York. Pero, sobre todo, motivarlos.”Piensa en los pequeños cambios que puedes hacer en tu propia vida. Ahora, imagina que 7.000 millones de personas hacen todas estas pequeñas cosas todos los días. Eso tendría un impacto enorme. Necesitamos un crecimiento exponencial y un cambio exponencial, y esta es la generación que puede hacerlo”, defiende en referencia a los jóvenes.

8. Amika George contra las compresas caras

A sus 18 años, acaba de ganar el premio a la mejor campaña que la Fundación Gates otorga anualmente en su gala Goalkeepers. La idea que ha llevado a la indo británica Amika George al triunfo fue #FreePeriods, que pide que las compresas y tampones sean gratis para las adolescentes provenientes de familias de bajos ingresos. “Una de cada 10 niñas en el Reino Unido no puede comprar productos sanitarios y usan periódicos viejos, calcetines… Me horrorizaba que el Gobierno no actuara en consecuencia”, comenta durante la gala. George comenzó su activismo en abril de 2017, después de saber gracias a un reportaje de la BBC que había niñas en Reino Unido que no iban a clase cuando tenían la menstruación por no poder comprar productos higiénicos. No es un problema solo de las británicas: en todo el mundo, 1.200 millones de personas carecen de posibilidades de llevar una higiene básica por falta de recursos económicos. En este país, en concreto, las compresas están gravadas con un 5% de impuestos y se calcula que una mujer gasta unas 18.000 libras a lo largo de su vida en estos artículos.

George, muy concienciada, organizó en diciembre de ese año una manifestación a las puertas de Downing Street a la que acudieron unas 2.000 personas. “Hacía frío y yo estaba allí con mi abuelo, mi hermano, mi madre y mi padre preguntándome si aparecería alguien. Pero fue increíble: miles de niñas y niños se presentaron”, describe sobre aquel día. El siguiente mes de abril, el Gobierno destinó una partida de 1,5 millones de libras para combatir la “pobreza menstrual”, el término para referirse al hecho de que una mujer no pueda usar compresas porque no tiene cómo pagarlas.

9. Ingrid Silva, la bailarina más inspiradora

“Las limitaciones no deben existir. ¡Podéis convertiros en lo que querais!”, alienta Ingrid Silva, de 29 años. Profesional de danza clásica afrobrasileña que hoy triunfa como primera bailarina en el Teatro Harlem de Nueva York, Silva habló ante más de dos centenares de asistentes en persona y otros varios miles conectados a la emisión en directo en Internet de la gala Social Good Summit. Su programa Empower Her NY es una plataforma colaborativa que conecta a mujeres y crea espacios para puedan compartir experiencias, promoviendo la diversidad y el empoderamiento.

“Creo en las oportunidades y en la educación”, asegura. Cuenta su viaje desde las favelas de su Río de Janeiro natal hasta los escenarios de Nueva York, y explica cómo se dio cuenta desde niña de que había muy pocas bailarinas negras “Cuando tenía 12 años y vivía en Brasil, yo era la única afrobrasileña en las escuelas de danza”, asegura. “La inclusión es algo en lo que tenemos que trabajar todos, las personas necesitamos saber que pertenecemos a algo, no sentirnos alienadas y rendirnos solo porque nos vemos diferentes”.  Desde que creó Empower Her en diciembre de 2017, Silva ha conectado a más de 1.000 mujeres que han compartido online (a través de la cuenta de Instagram)  y offline (en tres eventos anuales) sus problemas, sus ideas, sus historias… Sin miedo a ser juzgadas, con la sororidad por principio.

10. Lilly Singh y la influencia de las redes sociales

Acaba de cumplir los 30, y Lilly Singh o ||Superwoman||, como se la conoce en internet, se convirtió con 28 años en la primera embajadora de buena voluntad de Unicef del espacio digital. Indocanadiense, rapera y youtuber con más de 14 millones de seguidores, utiliza su visibilidad para concienciar sobre los problemas que atañen a los niños y adolescentes, pero también para exigir que se les tome en la consideración que merecen. “No puedes ser un adulto y pretender entender qué supone ser un chico en el mundo de hoy en día. Ninguna decisión sobre los niños debería tomarse sin ellos”. Y a ellos se dirige para que tomen el mando: “Todos sois capaces de lograr algún cambio. Encuentra algo que quieras cambiar, aprende sobre ello y, después, ve a por todas”

Precisamente por su compromiso con la adolescencia, Singh participó en Nueva York en el lanzamiento de la estrategia por la juventud de las Naciones Unidas Generation Unlimited, entre otros eventos. Con sus rapeos y sus vídeos, Singh busca maneras creativas para conectar a los jóvenes y que compartan ideas a través de sus móviles, ya que es una herramienta cuyo uso está totalmente expandido entre ellos y es accesible. “En India es más barato tener un teléfono que un baño”, ironiza. Siguiendo esta idea, en 2016 lanzó en redes sociales la campaña #GirlLove para acabar con el odio entre niñas y fomentar el apoyo y la sororidad entre unas y otras.

https://elpais.com/elpais/2018/10/10/planeta_futuro/1539180867_505985.html?id_externo_rsoc=FB_CM&fbclid=IwAR1VsCoj3Z2h8w-Sn4oFm5GZpp-R1x9T-9YSVuP3q1pzTsbxK7CUCPUWnjM

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