Universidad de Jóvenes Emprendedores y Creativos

El MIT y Cambridge se alían con la Fundación Amancio Ortega para formar a 600 estudiantes españoles

8 0 14 octubre, 2020

El programa ofrece este curso una beca de inmersión en materias científicas, matemáticas y tecnológicas, además de un plan personalizado de perfeccionamiento del idioma inglés.

Cuando Candela Ríos y Mario Gutiérrez, estudiantes de primero de Bachillerato en Málaga y Madrid, se tomaron las uvas y dieron la bienvenida a 2020, lo hicieron con la alegría de saberse seleccionados para el programa de becas de la Fundación Amancio Ortega, que como cada año desde 2010 permite a 600 estudiantes pasar un curso académico en Estados Unidos y Canadá. Unos planes que, sin embargo, cambiaron radicalmente con motivo de la pandemia de coronavirus, que obligó a la fundación a repatriar urgentemente a los alumnos que ya estaban allí y a sustituir el programa inicial por una nueva iniciativa educativa, de la mano del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y la Universidad de Cambridge, que pudieran combinar con la realización de sus estudios de primero de Bachillerato en España.

El Advanced Talent Training, inaugurado el pasado dos de octubre, se desarrollará a lo largo del curso académico 2020-2021 y permitirá a sus alumnos becados sumergirse no solo en las disciplinas STEAM (ciencias, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas), sino también perfeccionar su nivel de inglés a través de un programa de educación digital práctico y personalizado con dos de las mejores universidades del mundo. “La experiencia de un año académico en el extranjero es casi insustituible, pero hemos querido ofrecer una alternativa a los 600 alumnos que se han quedado sin poder irse y que ya estaban seleccionados, y que de esta manera conocerán otros recursos educativos, otras formas de enseñanza y aprendizaje, y otra forma de pensar y de hacer las cosas”, explica Belén Ocampo, directora de proyectos de la Fundación Amancio Ortega.javascript:falsePUBLICIDAD 

Durante este primer trimestre, y a través de una serie de clases, charlas, talleres y actividades colaborativas, los alumnos participantes podrán abordar temáticas como la inteligencia artificial, la exploración del espacio con nanosatélites, la relación entre la música y la física del sonido, el cambio climático o la creatividad matemática, entre otras. El currículo diseñado, además, va más allá de las materias científicas: “Hay dos módulos de música, sobre diseño de música a través de herramientas digitales y de construcción de instrumentos y tecnología musical. Pero también hay otros sobre el poder de la invención y del descubrimiento, y sobre la situación actual de la pandemia, vista desde distintas perspectivas”, añade Ocampo, en el que aprenderán y comprenderán la difusión de los virus, las implicaciones que una pandemia global tiene en nuestras vidas y cómo se lucha contra las enfermedades desde la ciencia.

Un cambio que tanto Candela como Mario han acogido con mucho agrado: “Yo desde el principio estaba muy emocionada; me parecía una oportunidad superbuena, sobre todo porque estoy interesada en estudiar el grado de Física y luego Astronomía, y poder trabajar con el MIT me pareció genial. Las expectativas están muy altas”, afirma Candela. Un sentimiento que comparte Mario, que tiene la intención de estudiar ingeniería aeroespacial: “Me parece bien que hayan buscado una alternativa al programa, porque además era algo a lo que no estaban obligados, y que va a ser beneficioso para nosotros, que vamos a aprender muchas cosas”.

Trabajo colaborativo y aprendizaje por proyectos

A lo largo de diez semanas consecutivas, y con la intención de ofrecer a los estudiantes unas herramientas de aprendizaje que les sean útiles para toda la vida, además de despertar en ellos intereses y vocaciones, los estudiantes completarán una serie de módulos prácticos a través de diferentes proyectos semanales, guiados por un equipo de mentores, estudiantes no solo del MIT sino de universidades como Harvard, Stanford, UPenn, Johns Hopkins, UNC o la Universidad de Texas, entre otras. Y, de manera complementaria, ponencias de distintas disciplinas, desde las más científicas a las más relacionadas con las humanidades, “con el fin de que estos estudiantes, que se están planteando lo que hacer al terminar sus estudios, tengan una paleta de variedades en cosas que a lo mejor no se les hubieran ocurrido a los 15 o 16 años. Perfiles un poco más transgresores, poco habituales y, sin embargo, muy conectados con las salidas profesionales a nivel internacional”, sostiene Ocampo.

La dinámica será siempre la misma, como explica Claudia M. Urrea, coordinadora del programa en el MIT: “Cada lunes, los mentores les mandan un correo a los chicos en el que les cuentan cuál va a ser el tema, y hacen una primera reunión donde el mentor trabaja con ellos. Luego hay tareas individuales y mucho trabajo colaborativo en grupos. El viernes, cuando se clausura el módulo, ellos comparten sus trabajos finales, que construyeron esa semana, y hay un orador que les hablará de lo que significa trabajar en ese sector”. Siempre con el objetivo de familiarizarles con las potenciales carreras a las que podrían aspirar, y sobre todo con una forma de aprendizaje remoto que se aleja de lo que todavía algunos piensan que es (solitario, frente a una máquina y sin apenas colaboración o trabajo manual): “Un aprendizaje colaborativo, donde van a conocer a otros chicos que tal vez tengan intereses similares y a mentores que también les pueden orientar, con los que van a compartir muchas semanas de trabajo”, añade.

Se trata, en definitiva, de aprender haciendo, un concepto ahora puesto de moda pero que conocen bien en el MIT, cuyo eslogan, “mente y mano”, ya hacía referencia a ello desde su fundación en 1861. “El MIT es una universidad pequeña, con solo 11.000 estudiantes y 1.000 profesores, pero en sus estatutos está la misión de resolver los grandes problemas de la humanidad, algo que no se puede hacer solo desde Cambridge [Massachusetts, donde tiene su sede], sino que hacen falta socios estratégicos globales. Y la única forma de hacerlo es a través de la empresa”, cuenta Marco M. Muñoz, director senior para iniciativas estratégicas en el MIT. De la seriedad del compromiso de esta institución académica con esa misión y sus valores, hablan las entre 300 y 450 patentes que produce cada año, más que ninguna otra universidad del mundo, y el casi centenar de premios Nobel asociados a ella. “Pero ¿de qué te sirve una patente si no la llevas a la implementación? ¿De qué te sirve la educación, la innovación, si no la llevas a la implementación para el beneficio de la humanidad? Es una pérdida de tiempo”.

Al tratarse, en su mayoría, de un programa compuesto por módulos semanales, cabría preguntarse si acaso no es un espacio de tiempo muy limitado. Un aspecto que se tuvo en cuenta al diseñar el currículo, de manera que se asume que los alumnos y alumnas tendrán unas cuatro horas disponibles cada semana para realizar todas las actividades, desde la reunión con los mentores, las posibles tutorías si necesitan ayuda y las actividades colaborativas, como explica Urrea: “Queremos coger pequeños conceptos de cada área y asegurarnos de que haya un entendimiento en la parte de aprendizaje activo. No es que, por ejemplo, vayan a cubrir toda la inteligencia artificial, pero cuando ese sea el tema, pretendemos abordar conceptos que ellos puedan entender a través de la parte práctica de las actividades”.

“Lo que hay aquí es una oportunidad: si ponen un poco de esfuerzo, van a terminar su actividad, pero si quieren profundizar, hay una oportunidad grandísima de hacerlo en las áreas que a ellos les interesen”, esgrime. Un punto de vista con el que coinciden los dos becarios que hablaron con EL PAÍS en la realización de este reportaje: “Yo creo que, como todos teníamos ganas de hacerlo, al final hemos encontrado tiempo y nos hemos sabido organizar para hacerlo”, dice Candela. Y Miguel reconoce que “siempre se saca tiempo. Y a mí me viene bien desconectar haciendo los proyectos”. Para la realización del programa, la fundación ha proporcionado a cada uno un ordenador portátil de última generación con conexión de datos y un kit de electrónica, además de otro que se enviará desde el MIT para que trabajen en temas relacionados con la creación de medicinas y de la salud, en un módulo de dos semanas de duración.

Fortalecimiento del inglés

A partir de enero y hasta el mes de junio, los becarios del programa Advanced Talent Training pasarán a manos de Cambridge, accediendo a una formación lingüística individualizada de alto rendimiento. Divididos en grupos de 10 alumnos con un mismo nivel de inglés y guiados por un tutor nativo, realizarán tres horas semanales de trabajo en grupo a partir de materiales multimedia desarrollados específicamente para ellos por Cambridge University Press, y que incorporarán conceptos y contenidos que hayan visto en los módulos del MIT. Los estudiantes recibirán, además, material complementario para realizar trabajo de manera autónoma durante otras dos horas semanales y tendrán acceso a una hora de tutoría individual.

Al final del semestre, podrán certificar el nivel de inglés alcanzado gracias a Linguaskill, un test desarrollado por Cambridge Assessment English (CAE) que evalúa desde el nivel A1 al C1 y que está soportado por inteligencia artificial, lo que permite adaptar la dificultad de las preguntas en función del nivel de la persona que lo realiza. “Este programa destaca por la combinación de estudios científicos de vanguardia con un desarrollo intensivo de las habilidades del idioma inglés, algo fundamental hoy en día para prosperar en los campos del conocimiento con más futuro”, recuerda Xavier Ballesteros, director de CAE para España y Portugal. Una experiencia que, en definitiva, “nos ayudará a introducir nuevos enfoques de aprendizaje digital que beneficiarán y podrán aplicarse en otros entornos dirigidos a estudiantes de todo el mundo”, añade Aída García, directora de Cambridge University Press para España y Portugal.

Desarrollo de competencias clave

Uno de los aspectos clave en este programa es su marcada transversalidad, tal y como recuerdan desde la Fundación Amancio Ortega: “Todos los materiales y contenidos están tratados de manera interdisciplinar. Los alumnos enlazarán y aplicarán en cada módulo conocimientos y metodologías propias de varias áreas académicas, desde las humanidades a las ciencias, pasando por el arte”. Un completo currículo que además servirá para fomentar el desarrollo de competencias y habilidades claves en el futuro laboral y personal de los alumnos: competencias lingüísticas y tecnológicas; aprender a aprender; resolución de problemas y conflictos; competencias sociales; sentido de la iniciativa y espíritu emprendedor; conciencia cultural e incluso una gestión adecuada del fracaso.

Asimismo, de manera indirecta pero no por ello menos relevante, les ayudará a fortalecer otras capacidades importantes como la utilización solvente y responsable de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC), un conocimiento y valoración crítica de las realidades del mundo contemporáneo, la comprensión de los procedimientos fundamentales de la investigación y de los métodos científicos y el desarrollo de una sensibilidad artística y literaria que les sirva como fuente de formación y enriquecimiento cultural.

Fuente: El País.

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